Caminaba por la calle con paso decidido, al fondo se divisaba ya la espadaña de la pequeña capilla situada a las afueras del pueblo. Apuró el paso, ya hacía un buen rato que había dejado de sonar la vieja campana. Atravesó la cancela de la calle y recorrió el pequeño patio llenos de plantas y macetas, adornado y cuidado seguramente por las ancianas vecinas de la capilla.
Entró dentro y lo vio, sentado en tercera fila con la mirada fija en el sacerdote que en ese momento pronunciaba su homilía desde el altar. Entre todos los asistentes a la misa no habría ni quince personas, esparcidas entre los diferentes bancos que ocupaban la única nave del templo. Desde el Altar Mayor, el Sagrado Corazón de Jesús los miraba a todos con su dulce expresión en el rostro. Avanzó por el pasillo central y se sentó en la cuarta hilera de bancos, justo detrás de su viejo tío.
_ Se terminó._ susurró al oído del anciano._ Estarás contento.
El Hombre se llevó sus arrugadas manos a la cara, de sus viejos ojos gastados comenzaron a brotar lágrimas, Tadeo se preguntó entonces si esas lágrimas serían de felicidad o verdaderamente su tío había llegado a sentir empatía por alguien por primera vez en su vida.