viernes, 17 de enero de 2014

Traición... PRÓLOGO

Caminaba por la calle con paso decidido, al fondo se divisaba ya la espadaña de la pequeña capilla situada a las afueras del pueblo. Apuró el paso, ya hacía un buen rato que había dejado de sonar la vieja campana. Atravesó la cancela de la calle y recorrió el pequeño patio llenos de plantas y macetas, adornado y cuidado seguramente por las ancianas vecinas de la capilla. 
Entró dentro y lo vio, sentado en tercera fila con la mirada fija en el sacerdote que en ese momento pronunciaba su homilía desde el altar. Entre todos los asistentes a la misa no habría ni quince personas, esparcidas entre los diferentes bancos que ocupaban la única nave del templo. Desde el Altar Mayor, el Sagrado Corazón de Jesús los miraba a todos con su dulce expresión en el rostro. Avanzó por el pasillo central y se sentó en la cuarta hilera de bancos, justo detrás de su viejo tío.
_ Se terminó._ susurró al oído del anciano._ Estarás contento.
El Hombre se llevó sus arrugadas manos a la cara, de sus viejos ojos gastados comenzaron a brotar lágrimas, Tadeo se preguntó entonces si esas lágrimas serían de felicidad o verdaderamente su tío había llegado a sentir empatía por alguien por primera vez en su vida.

Entonces encendiste la luz... Prólogo

Acababa de empezar a llover más fuerte todavía, aceleró el paso. Tenía las gafas ya empañadas y llena de goterones, no veía prácticamente ni por dónde pisaba. Había perdido el último paraguas que había comprado, seguramente se lo dejaría olvidado en cualquier lado, con esa cabeza siempre en mil cosas no sabía como aún se acordaba de coger las llaves de su casa antes de salir.
Encontró el portal de su bloque de pisos abiertos y entró lo más rápido que pudo. El portal estaba oscuro y él empapado. Buscó el interruptor de la luz y pegó un salto hacia atrás cuando al encenderse la bombilla vió  a una muchacha agazapada sentada en las escaleras, tenía su largo y liso pelo rubio alborotado y le tapaba la cara:
_ ¡Ostias!_ gritó el muchacho, al que las gotas de sudor le resbalaban por la frente.
_ Perdón._ murmuró ella.
_ Joder, es que no te esperaba ahí, callada y eso._ Ella permaneció callada, él se acercó y le extendió su mano._ Ciro.
Ella levantó la vista, pero no le tomó su mano, por fin pudo verle el rostro, ojos celestes e hinchados, nariz pequeña y redonda, finos labios y un hoyuelo en la barbilla.
_ ¿Cómo?_ preguntó confusa.
_ Que soy Ciro, ¿Vives aquí? No recuerdo haberte visto, aunque tampoco es que haga mucho tiempo desde que me mudé aquí.
_ Ehm, no, no vivo aquí, es que comenzó a llover más fuerte y como esto estaba abierto..._ dijo la muchacha secándose otra lágrima que se le había escapado. Ciro reparó entonces en que también Ella estaba empapada.
_ Joder, estas chorreando, te puedo prestar algo, aunque sea de tío por lo menos no irás chorreando.
_ ¿No sabes como me llamo y quieres dejarme ropa y todo? ¿Te funciona esto con muchas tias?_ contestó algo borde ella, mientras sonreía por primera vez.